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Emociones y Salud

octubre 4, 2013

Seguro que son muchas las ocasiones en las que has oído que el estado de ánimo influye en la salud, que en los momentos de bajón o en los de tensión y estrés es más probable un dolor de cabeza, una contractura en las cervicales o sufrir molestias estomacales. Vamos a ver qué nos dice la ciencia al respecto.
Que emoción y salud están relacionadas se sabe desde el inicio de la medicina; el mismo Hipócrates estableció una tipología que asociaba temperamento con enfermedad. A la psicología le costó más tiempo, pero a principios de los 80 ya se aceptó que, de entre todos los procesos psicológicos que inciden en la salud y enfermedad, las emociones son, sin duda, uno de los más relevantes.
En concreto, se ha demostrado la importancia del papel de las emociones en las alteraciones del sistema inmunitario, el que nos protege y vela por nuestra salud. La aparición de ira, ansiedad o depresión se ha vinculado con trastornos coronarios, gastrointestinales o del propio sistema inmunitario. Especial relevancia atribuye la evidencia científica al papel que juega la hostilidad, que es el componente emocional de la ira, y que está muy relacionado con la aparición de enfermedades coronarias. De igual manera, se ha asociado una ansiedad elevada y mantenida en el tiempo con la hipertensión.

La forma de hacer frente a situaciones de estrés y ansiedad, se relaciona con alteraciones de la actividad inmunológica, y estas, a su vez, con la aparición de enfermedades como el cáncer.
Por otra parte, están las repercusiones sobre la salud que tiene la inhibición de las emociones, el hecho de reprimirlas, de no dejarlas salir y de ocultarlas en algún lugar de nuestro cerebro hasta que acaban desbordándose cuando ya están fuera de nuestro control.
Cuando me muerdo la lengua, trago saliva, no digo lo que tal situación o tal persona me está provocando, y en general, cuando actúo en contra de lo que para mí es importante (mis valores), mi cuerpo reacciona alterando levemente su equilibrio, acelerando sus ritmos; una actitud como esta, mantenida en el tiempo, es la puerta de entrada a enfermedades psicosomáticas: resfriado, faringitis, alteraciones de la piel, migrañas, dolores de espalda o problemas estomacales, por citar algunas. En otros casos, la situación puede llegar a afectar nuestra vida en pareja o en sociedad, puede provocar disfunciones sexuales, irritabilidad o abuso de sustancias.
Mi intención no es, en ningún caso, alarmarte ni añadir una nueva preocupación a las ya cotidianas. Muy al contrario, ser consciente de lo que sentimos, entenderlo y actuar en consonancia con ello, es una fortaleza a la hora de hacer frente a las situaciones cotidianas y, por supuesto, también a las no tan cotidianas y especialmente difíciles.
Un consejo: aprende a gestionar tus emociones y descubrirás cómo mejora tu salud.

Ricardo Haro.

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